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Soria

Vivir en el arcén: Cuando tu pueblo se convierte en el circuito de carreras del turismo rural

señor mayor en un pueblo casi atropellado por un conductor temerario

Vivir en un pueblo pequeño debería ser sinónimo de tranquilidad. De poder salir a la puerta de casa sin mirar a ambos lados, de que los gatos duerman al sol y los niños jueguen en la plaza. Pero en muchos de nuestros pueblos, abrir la puerta es jugarse la vida.

Hablamos de esas aldeas atravesadas por una carretera comarcal o local. Una lengua de asfalto que parte el pueblo en dos y que, teóricamente, está limitada a 30 km/h. La realidad es otra: coches pasando a 80 o 90 km/h, rozando las fachadas de piedra en curvas ciegas, conducidos por gente que tiene mucha prisa por llegar al Paraje Natural de turno, sin darse cuenta de que, por el camino, están destrozando el entorno que dicen venir a admirar.

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La señal invisible: 30 km/h que nadie respeta

En mi pueblo, como en tantos otros de Soria o de la España vaciada, tenemos curvas cerradas sin visibilidad. Tenemos casas centenarias pegadas al asfalto. Y tenemos señales de prohibido a más de 30. Pero para el conductor de fin de semana, somos invisibles. Somos un tramo de "enlace" entre la autovía y su zona de recreo.

El resultado es terrorífico: mascotas atropelladas (que para una persona mayor son su única compañía), frenazos que hielan la sangre y coches que terminan empotrados contra la esquina de una casa. Y cuando sales a recriminarles la velocidad, encima recibes insultos. La prepotencia del que va de paso contra la paciencia del que vive allí.

Diputación: ¿Cuánto cuesta un badén y cuánto vale una vida?

Hemos perdido la cuenta de las instancias presentadas. "Solicitamos reductores de velocidad". "Solicitamos paso de peatones elevado". La respuesta administrativa es el silencio o la excusa técnica. Parece que poner cuatro badenes ("guardias tumbados") descuadra los presupuestos anuales.

Es indignante que se gasten dinerales en campañas de "Ven al pueblo" y luego nieguen la seguridad básica a los que mantienen el pueblo vivo. No pedimos una autovía, pedimos que no nos maten cruzando la calle.

Coche pasando a gran velocidad por una calle estrecha de pueblo levantando polvo, estilo acuarela dramática

El vertedero "Drive-Thru": Basura por la ventanilla

Y luego está el otro "regalo" del turismo de paso. Conductores que, al ver cuatro casas viejas, asumen que aquello no es el hogar de nadie, sino un descampado.

Latas, bolsas de patatas, pañuelos... todo vuela por la ventanilla. Creen que hay un servicio de limpieza municipal mágico. Pero como ya denunciamos aquí, en nuestros pueblos no hay barrenderos. Somos los vecinos los que, con nuestra escoba y recogedor, salimos a limpiar la mierda (con todas las letras) que dejan los que vienen a disfrutar de la "naturaleza prístina".

No somos un decorado, somos personas

Esta carretera no es solo un acceso al Cañón del Río Lobos o a La Fuentona. Es nuestra calle Mayor. Es donde jugábamos de niños y donde pasean nuestros mayores.

Desde Pueblo Vivo lanzamos un mensaje doble:

  • A las administraciones: Pongan los malditos badenes antes de que tengamos que lamentar una desgracia humana.
  • A los conductores: Levanten el pie del acelerador. Respeten. Estás pasando por el salón de nuestra casa.

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