Escribo estas líneas con las manos temblando de rabia y el corazón encogido. Escribo desde una isla. No una isla en el mar, sino una isla de resistencia verde en medio de un océano de destrucción. Vivo en una pequeña pedanía de la Sierra de Cabrejas, en Soria, a las puertas de ese templo natural que es el Cañón del Río Lobos. Un lugar catalogado como de especial protección, donde el tiempo parece detenerse entre sabinas centenarias.
Sin embargo, a nuestro alrededor, en los pueblos vecinos, se está cometiendo una atrocidad medioambiental con el sello de aprobación de la Junta de Castilla y León y bajo la batuta de promesas especuladoras que venden humo a cambio de aniquilar nuestro patrimonio.
La Sabina Albar (Juniperus thurifera) es la reina de nuestros montes. Es un árbol resistente, de crecimiento lento, escultural. Pero si se asoman a los términos municipales vecinos al mío, no verán árboles. Verán palos.
Están perpetrando una poda salvaje, bestial y contranatural. Están dejando las sabinas limpias de ramas desde la base hasta la copa, dejando únicamente un ridículo penacho verde en la punta. Las han convertido en pinceles.
Cualquier ingeniero forestal con un mínimo de ética sabe que esto es una condena a muerte lenta. Al reducir la copa a la mínima expresión, el árbol apenas puede realizar la fotosíntesis necesaria para sobrevivir. No están saneando el monte; están creando un ejército de fantasmas vegetales que agonizan de pie. ¿El objetivo? Nadie lo sabe con certeza, pero el resultado es un paisaje desolador, artificial y enfermo.
No contentos con mutilar los árboles, han decidido que el suelo también estorba. Han metido maquinaria pesada para eliminar el 100% del sotobosque. Lo llaman "limpieza". Yo lo llamo esterilización.
Han arrancado de raíz el ecosistema que da vida a Soria:
Al dejar el suelo pelado, como un solar urbanizable, han roto la cadena trófica.
¿Qué comen ahora las abejas? La apicultura, motor económico vital en nuestra zona, está sentenciada sin esas flores.
¿Dónde se refugian los animales? Los jabalíes, corzos y la fauna menor se quedan sin cobijo y sin alimento. Los cotos de caza, que tanto dinero dejan en los pueblos, verán cómo sus montes se vacían porque los animales no viven en eriales de tierra desnuda.
Y aquí llega el acto final de esta tragedia. Una vez mutiladas las sabinas y arrasado el suelo, ¿qué hacen? Repoblar con Pinus pinaster.
En una zona de sabinar autóctono, meter pino resinero de forma masiva es un error histórico.
1. Son vampiros de agua: El pino seca los acuíferos, compitiendo deslealmente con la sabina.
2. Madera de miseria: Es una madera de pésima calidad, que apenas dejará valor económico en el futuro.
3. El desierto verde: El pino, al crecer, acidifica el suelo y crea una sombra densa bajo la cual no crece nada. Están cambiando un bosque vivo y biodiverso por una plantación industrial muerta.
Para proteger este despropósito, han decidido encerrarlo. Han levantado kilómetros de vallado cinegético que cortan caminos y sendas que nuestros abuelos llevan usando cientos de años. Caminos públicos, veredas de paso, arterias de comunicación entre pueblos que ahora están secuestradas por alambre.
Ya no se puede pasear. Los animales ya no pueden transitar sus corredores naturales. Han convertido el monte de todos en un coto privado de especulación forestal.
En medio de este desastre, mi pequeño pueblo, una pedanía olvidada por muchos, ha dicho BASTA.
Nos hemos negado a las promesas vacías de ese "personaje" que ha embaucado a los vecinos de al lado. Nos hemos negado a que entren las máquinas. Y el resultado es visible a simple vista:
Si miras a un lado, ves desolación, vallas y pinos raquíticos.
Si miras a nuestro término, ves un Sabinar Virgen. Ves sotobosque tupido, oyes el zumbido de las abejas, ves huellas de animales y puedes caminar libremente hasta el horizonte sin toparte con una valla.
Desde Pueblo Vivo lanzamos esta denuncia pública. ¿Cómo es posible que la administración de Castilla y León, tan estricta para unas cosas, permita este ecocidio en la zona de influencia del Río Lobos?
Lo que está ocurriendo en la Sierra de Cabrejas no es gestión forestal, es terrorismo ecológico. Están hipotecando el futuro de nuestros nietos por un puñado de pinos baratos. Mi pueblo resistirá, mantendremos nuestro sabinar intacto como testimonio de lo que esta tierra fue y debería seguir siendo. Pero, por favor, que alguien pare las máquinas en el pueblo de al lado antes de que sea irreversible.
Sabemos que estas prácticas de "limpiezas agresivas" y sustitución de especies se están extendiendo. Si en tu pueblo también están cambiando bosque autóctono por monocultivos o vallando caminos públicos, denúncialo. Envíanos fotos al WhatsApp de redacción. El silencio es el mejor abono para estos desastres.
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