Javier es ganadero extensivo en la montaña. Su día a día no transcurre sobre un tractor arando interminables hectáreas, sino recorriendo los prados que son el sustento de sus animales, revisando las cercas o las porteras y vigilando que no existan otros factores que impidan que todo funcione como debiera. Su crisis no era de falta de trabajo, sino de una estructura de costes que le obligaba a vender a pérdidas. En el mundo del vacuno de carne, donde el precio se decide en un apretón de manos con el tratante o en la tensión del mercado de ganado, Javier estaba perdiendo la partida. A continuación, desglosamos cómo cambió la gestión de su cabaña y qué pasos reales dio para que el camión del matadero dejara de llevarse también sus ahorros.
En el sector del vacuno, el ganadero suele ser el eslabón más débil. Según datos de las principales organizaciones agrarias (COAG y UPA), el margen neto del ganadero de carne ha caído drásticamente debido al encarecimiento de los cereales y la energía. Javier vendía sus terneros al destete, dependiendo totalmente del precio que el tratante de turno quisiera marcar según la demanda de los cebaderos. Es un sistema basado en la urgencia del vendedor y la paciencia del comprador.
El problema de Javier no era el manejo de sus animales, que era impecable, sino la dependencia absoluta de factores externos. Cuando el precio del pienso de arranque se disparó, su modelo de "vender para pagar" colapsó.
La primera decisión de Javier fue técnica y dolorosa: ajustar la carga ganadera a la capacidad real de sus pastos. En ganadería extensiva, existe a veces un error común, que es mantener más animales de los que la finca puede alimentar, lo que obliga a comprar más forraje y pienso fuera, algo que a veces se puede evitar con el consiguiente ahorro de costes. Javier redujo el número de cabezas para asegurar que el 80% de la alimentación fuera propia, basándose en la rotación de parcelas y la mejora de praderas.
Esto no solo bajó los gastos, sino que mejoró la calificación sanitaria de la explotación. Menos animales, pero con mejor sanidad y condición corporal y menor gasto veterinario. La sostenibilidad aquí no es una palabra de moda; los números son fríos, es la diferencia entre tener saldo positivo o negativo a final de mes.

Javier rompió el círculo vicioso del mercado de ganado puntual. Se integró en una cooperativa de comercialización que le permitió acceder a contratos de cebo con precios referenciados, evitando la volatilidad del "trato" de última hora. Además, empezó a certificar su carne bajo una Indicación Geográfica Protegida (IGP), lo que le otorga un plus de valor por calidad y origen que el mercado genérico no paga.
Para lograr esto, tuvo que digitalizar su gestión. No para usar un tractor autónomo, sino para llevar un control estricto de las parideras, las bajas y la trazabilidad de cada crotal. La información es poder y es lo que te puede diferenciar del resto para que tú pongas las condiciones.
Si tu explotación está al límite, existen herramientas y entidades que ofrecen datos reales y apoyo para la reestructuración:
Nota técnica de Pueblo Vivo: Controlar cuándo las vacas quedan preñadas y cuándo paren puede ahorrar hasta un 15% en gastos.
¿Cómo funciona? Básicamente, en lugar de esperar a que cada vaca entre en celo cuando le toque naturalmente, se usa un método para que todas lo hagan más o menos al mismo tiempo. Así se puede inseminar a todo el grupo en fechas programadas (consulta a tu veterinario sobre los protocolos de sincronización hormonal; tu veterinario es un aliado en estas cuestiones y en otras muchas).
¿Qué ventajas tiene esto?
Este sistema funciona especialmente bien en granjas de leche o de carne, donde planificar bien los nacimientos aumenta las ganancias y evita problemas como tener vacas sin producir o partos que llegan cuando menos conviene.
En resumen: no se trata solo de criar animales, sino de organizar la producción para que coincida con lo que el mercado necesita, no con lo que salga al azar.
El padre de Javier, ya jubilado, fue clave en este proceso. No por manejar la hoja de cálculo, sino por su conocimiento del terreno y de las razas autóctonas que mejor resisten las inclemencias. Esa sabiduría, combinada con la visión empresarial de Javier, permitió salvar el hierro. En los pueblos, la jubilación no debe significar el olvido de la experiencia, sino su transformación en consultoría vital.
Salvar una ganadería de vacuno de carne no se hace desde un despacho; se hace conociendo el mercado, ajustando los costes de alimentación y teniendo el valor de cambiar el trato por la estrategia. Javier sigue yendo al mercado de ganado, pero ahora lo hace con la tranquilidad de quien sabe cuánto vale su producto y cuánto le cuesta producirlo.
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