El otro día fui a comprar algo urgente para casa. No era un capricho, era una necesidad. Al ir a pagar, la frase de siempre: "No tenemos datáfono, solo efectivo". Hasta ahí, todo "normal" en la dinámica de muchos pequeños negocios rurales (un debate que dejaremos para otro día). El problema vino después.
Fui al único cajero automático disponible en El Burgo de Osma, una cabecera de comarca, no una aldea de cuatro casas. ¿El resultado? Una pantalla en negro. Estropeado. Y no fue cosa de un par de horas: estuvo así, inoperativo, durante más de 10 días, incluyendo un puente festivo.
La respuesta de la entidad (vía telefónica, porque la oficina, por supuesto, estaba cerrada) fue dantesca: "Puede usted desplazarse a la oficina de Soria". Traducido: hazte una hora de ida y una de vuelta, gasta gasolina y pierde tu mañana para sacar 50 euros.
Esto no es una anécdota personal; es la radiografía de la exclusión financiera que sufren miles de personas cada día en la España rural del siglo XXI.
Vivimos en una paradoja cruel. Por un lado, muchos comercios locales, bares y fontaneros del pueblo siguen sin aceptar tarjeta por las comisiones o la falta de costumbre. Te obligan a tener "cash". Pero, por otro lado, los bancos cierran oficinas y abandonan el mantenimiento de los cajeros.
El resultado es lo que los expertos llaman "desiertos financieros". Si tienes 40 años, coche propio y salud, es una molestia grave y un coste económico (el "impuesto revolucionario" de la gasolina). Pero, ¿y si tienes 80 años?

Cuando ocurre algo así, la solución suele ser la solidaridad vecinal. "Oye, que voy a la capital, ¿quieres que te saque dinero?". Yo mismo lo hago con mis vecinos siempre que puedo. Pero seamos serios: derechos básicos como el acceso a tu propio dinero no pueden depender de la caridad de un vecino con coche.
La gente mayor, o aquellos sin vehículo, quedan atrapados. Se les niega la autonomía. Se les obliga a guardar el dinero bajo el colchón (con el riesgo de robos que eso conlleva) o a depender de familiares que vienen el fin de semana. Es una pérdida de dignidad brutal.
En Pueblo Vivo estamos cansados de diagnósticos. Queremos soluciones. Y la tecnología y la infraestructura para arreglar esto ya existen, solo falta voluntad política y bancaria:
El servicio "Correos Cash" ya existe, pero debería ser un servicio universal y proactivo en zonas sin banco. El cartero o cartera rural visita todos los pueblos. Deberían tener la potestad (y la obligación financiada por el Estado/Banca) de entregar efectivo a demanda en la puerta de casa, igual que entregan una carta certificada. Sin comisiones abusivas.
Si la banca privada se va porque "no es rentable", el servicio público debe entrar. Todos los Ayuntamientos, consultorios médicos o centros sociales deberían contar con un terminal de retirada de efectivo (tipo cashback) gestionado por la administración local con convenios estatales.
No es solo sacar dinero. Es pagar un recibo, renovar el DNI o firmar un papel de la Seguridad Social. La brecha digital mata. Necesitamos "oficinas móviles" reales que roten por los pueblos semanalmente para resolver burocracia in situ, cara a cara.
Tener que conducir 100 kilómetros para acceder a tu nómina o pensión es un fracaso del sistema. No estamos pidiendo un Apple Store en cada pedanía, estamos pidiendo poder comprar el pan o pagar al fontanero sin tener que planificar una excursión a la capital.
Mientras los cajeros sigan rotos y las ventanillas cerradas, la "España de las Oportunidades" seguirá teniendo un cartel de "Fuera de Servicio".
Y en tu zona, ¿tienes cajero o dependes del coche? ¿Cómo se apañan tus vecinos mayores? Cuéntanos tu caso en los comentarios, queremos hacer ruido.
Noticias, ayudas, vida rural: gratis, sin compromisos. Con un regalo muy de pueblo y muy útil por apuntarte.
Sin ruido ni spam
Seleccionamos para ti lo único que importa:
Oportunidades de negocio y vivienda en pueblos.
Tutoriales para una vida más autosuficiente.
Denuncias y soluciones a los problemas reales del campo.
Comentarios