Vivimos en una paradoja insultante. Un vecino de la España Vaciada puede pedir un paquete a Amazon y saber en tiempo real dónde está el repartidor, puede ver anuncios en pantallas de alta definición en cualquier estación de servicio, y lleva en su bolsillo un teléfono con reconocimiento facial. Sin embargo, si ese mismo vecino tiene un dolor en el pecho un martes por la tarde, se encuentra con un consultorio cerrado y un teléfono que comunica.
Hoy en Pueblo Vivo no venimos a pedir parches. Venimos a exigir que la tecnología del siglo XXI, esa que ya existe y es barata ("migajas" para un presupuesto estatal), se ponga al servicio de la vida y no solo del consumo. Proponemos un modelo que elimine la brecha digital de un plumazo: tecnología invisible para una atención humana inmediata.
Durante años nos han vendido la excusa de que "la gente mayor no se entiende con la tecnología". Es mentira. La gente mayor no se entiende con interfaces mal diseñadas, con contraseñas imposibles y con webs que se cuelgan. Pero, ¿acaso no saben abrir una puerta? ¿Acaso no saben mirar por una ventana?
La tecnología actual permite eliminar la barrera del uso. Si somos capaces de viajar a Marte, somos capaces de poner una pantalla en un pueblo que se encienda sola cuando detecta una cara. No es ciencia ficción, es voluntad política.
Imaginemos esto. No hablamos de darle una tablet barata a cada vecino. Hablamos de infraestructura pública de calidad. Hablamos de habilitar un espacio en el Ayuntamiento, en el centro social o en las antiguas escuelas de CADA pueblo habitado.
Este espacio debe contar con un Terminal de Salud de Alta Definición. Y sus características deben ser innegociables:
María, de 82 años, se siente mal. Camina hasta el local del "Punto de Salud" en la plaza. Entra. Se sienta en un sillón cómodo frente a la gran pantalla. El sistema detecta su presencia. Una voz amable le dice: "Buenos días María, ¿quieres hablar con tu doctor?". Ella dice "Sí".
En segundos, en la pantalla aparece un profesional de urgencias o su médico de cabecera. La ve en alta resolución, la escucha y puede evaluar si es una falsa alarma, si necesita medicación o si hay que mandar una ambulancia ya. Sin pedir cita previa, sin apps, sin esperas telefónicas.

Que no nos digan que es caro. Paseen por cualquier ciudad. Verán "Mupis" digitales (esas pantallas publicitarias en las aceras) que cuestan miles de euros, encendidas 24 horas anunciando perfumes o coches. Verán pantallas en el metro, en los autobuses, en los escaparates.
La tecnología de consumo nos ha adelantado por la derecha. Instalar un equipo informático de estas características es "calderilla" para una administración que gasta millones en campañas institucionales. ¿Cuánto vale la tranquilidad de saber que, si te pasa algo, tienes a un médico al otro lado de la pantalla en 10 segundos?
Por supuesto, la pantalla no puede poner una inyección ni curar una herida (todavía). Por eso, este sistema de telepresencia avanzada debe complementarse con Unidades Móviles Medicalizadas.
Autobuses que roten por los pueblos para hacer lo físico: analíticas in situ, podología, curas, revisiones dentales. La pantalla para el diagnóstico y la urgencia; la unidad móvil para el tratamiento. Ese es el modelo híbrido real.
Dejemos de tratar a los habitantes rurales como si fueran incapaces de usar la tecnología. El problema no es el usuario, es el diseño del sistema. Exigimos que la administración deje de gastar en "apps" que nadie usa y empiece a invertir en ventanas digitales reales.
Queremos ver a nuestro médico a los ojos, aunque sea a través de un cristal de 55 pulgadas. Queremos que poner la mano en un lector sea la única burocracia necesaria para salvar una vida. Estamos en Europa, estamos en el siglo XXI. Todo lo que sea menos que esto, es abandono.
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