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El latido de Irati: Historia, biodiversidad, extraperlo y la memoria oculta del Pirineo navarro

bosque hayas

Tú, que buscas la quietud que solo los bosques milenarios pueden ofrecer, te encuentras ante el umbral de la selva de Irati. No es simplemente un conjunto de árboles; es el segundo hayedo-abetal más extenso de Europa, una masa forestal de 17.195 hectáreas donde la vida se manifiesta en un equilibrio tan perfecto como frágil. En este reportaje definitivo, no solo vamos a caminar por sus senderos, sino que vamos a descender a las profundidades de su historia: desde la vida solitaria de los guardabosques hasta los pasos clandestinos que salvaron vidas y los oscuros años de la violencia en la frontera.

Adentrarse en la selva de Irati es una experiencia sensorial que interpela directamente a nuestra memoria atávica. El olor a tierra húmeda, el silencio denso que solo se rompe por el graznido de un pito negro y la visión de una niebla que se enreda entre los troncos plateados de las hayas nos transportan a un mundo donde la naturaleza todavía dicta las reglas. Sin embargo, para comprender Irati en su totalidad, debemos mirar más allá de la postal turística. Debemos entender su geología kárstica, su trágica vinculada a la industria militar del siglo XVIII, el drama humano de la posguerra, el uso de sus sombras por el terrorismo y su modelo actual de gestión comunal, que se erige como un faro de sostenibilidad para el siglo XXI.

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🎬 Irati: Un viaje visual al corazón del Pirineo


Geografía, geología y el clima de la selva

La selva de Irati se encaja en el Pirineo oriental navarro, ocupando la práctica totalidad de las cabeceras de los ríos Irati, Urbeltza y Errekaidorra. Geográficamente, es una inmensa cuenca rodeada de montañas que superan los 1.500 metros de altitud, como el pico de Ori (2.017 m), el primer “dos mil” de la cordillera desde el mar Cantábrico. Esta ubicación no es caprichosa: las montañas actúan como un muro protector contra los vientos secos, atrapando la humedad que viene del océano y permitiendo que Irati disfrute de un microclima atlántico en pleno corazón pirenaico.

Desde el punto de vista geológico, el terreno es un paraíso kárstico. El suelo está formado mayoritariamente por calizas y dolomías que, con el paso de los milenios y la acción de la lluvia constante, han creado un relieve atormentado de lapiaces, simas y cuevas. Esta estructura permite que el agua se filtre rápidamente, alimentando un sistema acuífero subterráneo que resurge en fuentes de una pureza absoluta. El clima es de transición atlántico-pirenaica: las precipitaciones son abundantes, superando con frecuencia los 1.500 mm anuales, lo que garantiza que las hayas tengan siempre la humedad necesaria.

musgo irati

Es precisamente esta humedad persistente la que permite que el musgo cubra casi cualquier superficie, desde las rocas hasta los troncos caídos. En invierno, las nevadas son copiosas y pueden cubrir el bosque durante meses, protegiendo las raíces del frío extremo y alimentando el caudal de los ríos durante el deshielo primaveral. Esta nieve, que hoy vemos con ojos recreativos, era antaño la cárcel y el sustento de quienes habitaban el bosque.

irabia

Casas de Irati: La vida de los guardianes del bosque

En el corazón de la selva, cerca del acceso por Ochagavía, se alzan las conocidas como casas de Irati. Hoy son un punto de información y el inicio de muchas rutas, pero su origen es mucho más profundo y humano. Durante décadas, este caserío fue el hogar de varias familias de guardabosques que vivían allí de forma permanente, aislados del mundo por la nieve y la espesura. Estos hombres y mujeres eran los verdaderos soberanos de la selva; su trabajo consistía en vigilar la saca de madera, controlar la caza y la pesca y, sobre todo, asegurar que el bosque no fuera devorado por incendios o talas ilegales.

La vida en las casas de Irati era de una dureza extrema, especialmente durante los inviernos que duraban de noviembre a mayo. Las familias se abastecían de lo que la tierra les daba: huertas pequeñas protegidas del frío, el ganado que podían mantener y los recursos del bosque. El aislamiento era tal que los niños a veces pasaban semanas sin poder bajar al colegio de Ochagavía. Los guardabosques de antaño no solo eran funcionarios; eran conocedores de cada rincón, de cada rastro de animal y de cada cambio en el viento. Eran la primera línea de defensa de un patrimonio que hoy disfrutamos gracias a su sacrificio. Su economía se basaba en el autoabastecimiento y en un pequeño salario estatal que apenas compensaba la soledad del hayedo.

casas irati

La ermita de las Nieves: Fe y refugio entre hayas

A escasos metros de las casas de Irati se encuentra la ermita de la Virgen de las Nieves. Construida a mediados del siglo XX sobre una estructura anterior, esta pequeña joya de piedra es el faro espiritual del bosque. Su ubicación no es casual: la advocación a la Virgen de las Nieves refleja el temor y el respeto que los habitantes de los valles profesaban al invierno pirenaico. Para los guardas y los pastores que trashumaban por estas tierras, la ermita era un lugar de oración y, en ocasiones, un refugio físico contra las tormentas repentinas que descargan en la zona.

Cada año se celebra una romería que une a los vecinos de los valles de Salazar y Aezkoa. Es un momento de comunidad donde se diluyen las fronteras administrativas y se celebra el vínculo común con la tierra. La sobriedad de la ermita, rodeada por la inmensidad de las hayas y el sonido del río, invita a una reflexión que va más allá de lo religioso: es un recordatorio de nuestra fragilidad ante la magnitud de la naturaleza. Los guardas a menudo se encargaban del mantenimiento de este pequeño templo, considerándolo parte de su “hogar” extendido.

casas irati otoño

El estraperlo y la frontera: El camino del hambre y la supervivencia

La selva de Irati ha sido históricamente un territorio de paso, pero durante la posguerra española se convirtió en una arteria vital para la supervivencia. El extraperlo, o contrabando de subsistencia, marcó la vida de los valles de Aezkoa y Salazar. Tú, si hablas hoy con los mayores de Ochagavía u Orbaizeta, te contarán historias de hombres que cruzaban la frontera hacia Francia en plena noche, cargados con fardos de hasta 40 kilos a la espalda.

¿Qué se pasaba por estos senderos clandestinos? De España a Francia salía principalmente tabaco, ganado y, en ocasiones, pieles. De Francia a España entraba lo que aquí faltaba: harina, azúcar, café, telas, neumáticos de bicicleta e incluso medicinas como la penicilina. No era una actividad criminal en el sentido moderno; era una respuesta desesperada al hambre y al racionamiento impuesto por la dictadura. Los contrabandistas conocían los “pasos de fortuna”, sendas que evitaban los puestos de la Guardia Civil y que solo se podían transitar si conocías Irati como la palma de tu mano.

El uso de los refugios forestales, como el de Zabaleta o los de las zonas altas de Abodi, era fundamental. Allí, los contrabandistas podían descansar unas horas o esconder la mercancía si las patrullas estaban cerca. La complicidad de los guardabosques y de los habitantes de los pueblos era casi total; el extraperlo era el “segundo sueldo” que permitía que las casas de los valles no quedaran vacías por la emigración. Se vivía en una constante tensión entre la necesidad de comer y el miedo al calabozo.

estraperlo

Pasos de libertad: La huida del fascismo a través de Irati

Pero Irati no solo vio pasar fardos de café; vio pasar vidas humanas rotas. Durante los años más oscuros del régimen franquista, la selva fue el camino de escape para miles de personas que buscaban la libertad en Francia. Republicanos que huían de la represión tras la guerra civil, soldados aliados (como pilotos derribados en la Segunda Guerra Mundial) que buscaban volver a sus líneas a través de las redes de evasión, y más tarde, opositores políticos que debían cruzar la “muga” para salvar la vida.

Los pasos clandestinos de Irati son mudos testigos de tragedias y heroísmo. Atravesar el bosque en invierno, con nieve por la cintura y sin equipo adecuado, era a menudo una sentencia de muerte. Sin embargo, los guías locales —muchos de ellos antiguos contrabandistas que conocían cada sima y cada vaguada— arriesgaron su seguridad para ayudar a otros a cruzar. Estos “pasadores” son figuras clave de la resistencia silenciosa del mundo rural contra el fascismo. La selva, con su sombra protectora, se convirtió en el último abrazo de España para muchos exiliados.

La sombra de la violencia: El uso de Irati por la banda ETA

Como redactor jefe, no puedo ocultar las páginas más amargas de esta historia. Debido a su geografía intrincada y su cercanía con la frontera, la selva de Irati fue utilizada durante décadas por la banda terrorista ETA. La frondosidad del hayedo y la multitud de cuevas y bordas aisladas ofrecían un escondite ideal para los comandos que cruzaban desde el sur de Francia hacia el interior de la península. La frontera no era solo una línea administrativa, sino un espacio de conflicto.

El monte de Irati fue escenario de hallazgos de zulos de armas, de tránsitos clandestinos de militantes y de una vigilancia policial y militar constante que alteró la paz de los pueblos cercanos. Esta etapa dejó una huella de dolor y tensión en los valles, dividiendo a veces a familias y comunidades. Los controles de la Guardia Civil en las pistas forestales eran constantes, y el ambiente de sospecha empañó durante años la belleza natural del lugar. Es una herida que ha costado décadas empezar a cerrar, y que nos recuerda que incluso los paraísos naturales pueden ser utilizados para fines que nada tienen que ver con el respeto a la vida o a la tierra. Hoy, Irati busca ser un espacio de paz y reconciliación.

La historia forestal: De la armada real a la real fábrica de Orbaizeta

Retrocediendo en el tiempo, debemos recordar que Irati fue una pieza estratégica para la corona española. Durante el siglo XVIII, sus abetos blancos eran ideales para los mástiles de la armada real. La madera se transportaba mediante “maderadas” por el río Irati, una técnica heroica donde los almadiares guiaban los troncos por cauces bravos hasta los astilleros del Cantábrico. La construcción de la real fábrica de armas de Orbaizeta en 1784 fue el culmen de esta explotación industrial. Se aprovechaba la madera para carbón vegetal y el agua para mover las máquinas de proyectiles y cañones.

Tras varios incendios y guerras con Francia, la fábrica cerró en el siglo XIX, pero su estructura de arcos sobre el río, hoy devorada por la vegetación, es un bien de interés cultural que debes visitar. La gestión actual, en manos de las juntas de los valles de Aezkoa y Salazar, ha pasado de la explotación industrial a la “entresaca” técnica. Este modelo de propiedad comunal, donde el bosque pertenece a los vecinos y no al estado ni a particulares, es lo que ha salvado a Irati de la especulación forestal que ha destruido otros valles pirenaicos. Es un ejemplo de que el comunitarismo rural funciona.

fabrica armas orbaiceta

Botánica de profundidad: El reino del haya y el abeto

El verdadero protagonista de Irati es el haya común (Fagus sylvatica). Este árbol es una especie “clímax”, lo que significa que, en condiciones naturales óptimas, es el que domina el ecosistema. Su copa es tan densa que, durante el verano, proyecta una sombra casi total en el suelo del bosque, impidiendo que otras especies le hagan competencia. Sin embargo, en Irati, el haya comparte trono con el abeto blanco (Abies alba), una conífera que aporta la nota de verde oscuro perenne a un paisaje que en otoño se tiñe de fuego.

La combinación de ambas especies crea un bosque mixto con una biodiversidad mucho mayor que la de un monocultivo. El abeto, con su forma cónica, permite que la nieve se deslice por sus ramas, mientras que el haya, de hoja caduca, enriquece el suelo cada año con una capa de hojarasca que se convierte en el sustrato perfecto para hongos e insectos. Además de estos gigantes, en las zonas más bajas encontramos robles (Quercus petraea y Quercus robur), mientras que en los bordes de los ríos florecen los sauces, avellanos y fresnos.

El sotobosque es otro mundo por descubrir. Aunque la sombra del haya es limitante, especies como el acebo (Ilex aquifolium) prosperan bajo su protección. El acebo es vital para la fauna, ya que sus frutos rojos son una fuente de alimento esencial para las aves durante el invierno. También es frecuente encontrar el boj, cuya madera densa ha sido utilizada secularmente por los artesanos locales para tallar utensilios de cocina de altísima durabilidad.

La fauna: Habitantes de la penumbra y el cielo

Aunque el espesor del bosque dificulta los avistamientos, Irati es un hervidero de vida animal. El símbolo indiscutible de la buena salud de la selva es el pito negro (Dryocopus martius), un pájaro carpintero de gran tamaño y plumaje azabache. Su presencia es fundamental: solo habita en bosques con árboles de gran diámetro y presencia de madera muerta, donde busca larvas para alimentarse. Sus nidos, excavados en troncos viejos, son aprovechados posteriormente por otras especies de aves y pequeños mamíferos.

salamandra

Entre los mamíferos, el ciervo es el rey. Durante el otoño, se produce uno de los eventos más sobrecogedores del Pirineo: la berrea. Los machos, en una demostración de fuerza, emiten bramidos que resuenan en todo el valle de Salazar y Aezkoa. También habitan corzos, jabalíes y el esquivo gato montés. En los cielos, las corrientes térmicas son aprovechadas por el quebrantahuesos y el buitre leonado, que vigilan desde las alturas los pastos de Abodi.

Mención especial merece la fauna acuática. En los torrentes de aguas cristalinas que alimentan el río Irati vive el desmán de los Pirineos, un pequeño mamífero insectívoro de hábitos nocturnos y nariz de trompa. Es una especie extremadamente sensible a la contaminación; su presencia en Irati es el certificado de calidad más fiable que podemos tener sobre la pureza de sus aguas. La protección de estos ríos es vital para el equilibrio de todo el ecosistema navarro.

pito negro

Micología: El oro oculto bajo las hojas

Cuando el otoño arrecia y las lluvias empapan la hojarasca, Irati se convierte en el paraíso de los micólogos. El suelo del hayedo es generoso, pero requiere un ojo experto y un profundo respeto por las normas. La especie más buscada es el Boletus edulis, conocido localmente como onddo zuri. Su carne blanca y sabor a fruto seco lo convierten en un manjar codiciado. Sin embargo, no es el único tesoro; también proliferan las trompetas de los muertos (Craterellus cornucopioides) y el rebozuelo (Cantharellus cibarius).

Es imperativo recordar que en Irati la recolección está regulada mediante un sistema de permisos. Esta medida sirve para controlar la presión humana sobre el bosque y garantizar que no se dañe el micelio de los hongos. Sin estos organismos, el bosque colapsaría, ya que son los encargados de descomponer la materia orgánica y reciclar los nutrientes para que los árboles sigan creciendo. Es un ciclo de vida, muerte y renacimiento que ocurre bajo tus pies en cada paso que das.

hoja haya irati

Reservas naturales: El corazón intocable

Dentro de la inmensidad de la selva, existen tres áreas que gozan de un nivel de protección excepcional. Son los santuarios donde la intervención humana es nula y donde la naturaleza sigue su curso sin estorbos:

  • Reserva integral de Lizardoia: Situada en la ladera del monte la Cuestión, protege 64 hectáreas de bosque virgen. Aquí se pueden encontrar hayas y abetos que han alcanzado su ciclo vital completo. Es lo más parecido a la Europa de hace 10.000 años.
  • Reserva natural de Mendilatz: En el valle de Aezkoa, destaca por su relieve kárstico. La forma en que los árboles se aferran a las rocas calizas crea un paisaje dramático de una belleza austera.
  • Reserva natural de Tristuibartea: En la falda del monte Petxuberro, donde el roble es el protagonista y el sotobosque es especialmente rico en arbustos frutales para la fauna.

Guía práctica y rutas: Cómo vivir Irati

Si has decidido que tu próximo destino sea Irati, debes planificar tu visita con cuidado. La selva es extensa y los accesos están regulados, especialmente en temporadas de alta afluencia como el otoño.

Entrada por Ochagavía (valle de Salazar)

Desde este pueblo de postal, una carretera te lleva hasta el centro de interpretación de casas de Irati. Es la entrada ideal si buscas rutas de senderismo balizadas y de dificultad media-baja. Aquí se encuentra la ermita de la Virgen de las Nieves. Es recomendable pasar por la oficina de turismo de Ochagavía para recoger mapas actualizados y conocer el estado de los caminos.

otxagavia

Entrada por Orbaizeta (valle de Aezkoa)

Es el acceso más cercano a la real fábrica de armas y al embalse de Irabia. Es la zona preferida por quienes buscan una experiencia más salvaje y cercana a la frontera francesa. Podrás pagar la tasa de mantenimiento del parking y recibir consejos sobre el estado de las pistas forestales en el punto de información de Arrazola.

Rutas de senderismo imprescindibles

  1. El sendero de la cascada del Cubo: Ruta corta y familiar (2 km) que parte de casas de Irati. El río Urbeltza es aquí el protagonista absoluto.
  2. Vuelta al embalse de Irabia: 9 kilómetros llanos que rodean el espejo de agua del bosque. Una lección de botánica en cada paso.
  3. Ascensión al pico de Ori: Solo para montañeros con experiencia. Desde los 2.017 metros, la vista de la selva es un mar verde infinito que te dejará sin aliento.

irati desde ori

Usos tradicionales: Madera, pastoreo y sabiduría rural

La selva de Irati no es un museo; es un recurso vivo. Durante siglos, los habitantes de los valles han utilizado la madera no solo para la construcción, sino para la fabricación de aperos de labranza y artesanía. El pastoreo de oveja latxa en las zonas altas de la sierra de Abodi es fundamental para mantener los pastizales y evitar que el bosque se cierre por completo, lo que aumentaría el riesgo de incendios incontrolables. La ganadería y el bosque son hermanos de sangre.

La sabiduría de nuestros mayores nos enseña que el bosque necesita ser vivido para ser protegido. Un bosque abandonado es un bosque que muere. Por eso, desde Pueblo Vivo defendemos que se mantengan los servicios públicos en estas zonas rurales. Solo si la gente puede vivir en Ochagavía o en Orbaizeta con dignidad, la selva de Irati seguirá teniendo guardianes. La sostenibilidad no es solo ecológica, es también social y humana.

“Irati es la prueba de que cuando un pueblo siente el bosque como propio, su futuro está garantizado. No es patrimonio de nadie, porque es la herencia de todos.”

Conclusión: El compromiso de Pueblo Vivo

La selva de Irati es mucho más que un paisaje. Es un libro abierto donde se leen las penurias de los guardas, el ingenio de los contrabandistas, el dolor de la huida, la sombra de la violencia y la esperanza de una gestión comunal ejemplar. Irati nos enseña que la verdadera riqueza no está en lo que extraemos de la tierra, sino en nuestra capacidad de protegerla para quienes vendrán después de nosotros.

En este reportaje hemos intentado condensar la magnitud de este tesoro navarro, pero la realidad siempre superará a la palabra. Te invitamos a que vayas, a que sientas la humedad en tus mejillas y a que escuches el susurro de las hayas; eso sí, trátalo como el templo sagrado que es. Irati te está esperando, no para que la conquistes, sino para que la comprendas y la ames. El Basajaun sigue vigilando, y nosotros con él.

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