Quien ha caminado el monte soriano al amanecer conoce ese sonido. No es el ladrido de alerta, seco y potente, con el que el corzo (Capreolus capreolus) nos saluda. Es algo mucho más triste. Es una tos ronca, un carraspeo agónico que rompe la paz de los sabinares. El "duende del bosque" se está asfixiando, y el responsable es un enemigo invisible que no necesita escopeta para matar.
Durante años, hemos mirado la cantidad de nuestras poblaciones, olvidando a veces la calidad de su salud. Hoy, la realidad nos golpea en la cara: la oestrosis o "gusano de la nariz" no es una anécdota veterinaria, es una amenaza estructural que está redefiniendo la caza y la gestión rural en provincias como Soria. Si amamos lo que cazamos, y respetamos la tierra que pisamos, es hora de entender qué está pasando en las gargantas de nuestros animales.
Para combatir al enemigo, hay que mirarlo a los ojos, aunque en este caso, el enemigo sea difícil de ver. La Cephenemyia stimulator es un díptero, una mosca de aspecto robusto y velludo, similar a un abejorro, que tiene una estrategia reproductiva digna de una película de terror.
A diferencia de otros parásitos, esta mosca no pica. No necesita sangre. Su objetivo es sembrar vida a costa de la muerte del hospedador. En los meses de calor, la hembra vuela frente al hocico del corzo y, con una precisión milimétrica, rocía un líquido cargado de larvas vivas directamente en los orificios nasales del animal. El corzo, nervioso, sacude la cabeza, patea el suelo y trata de huir, pero la semilla del mal ya está plantada.
Una vez dentro, comienza el verdadero drama biológico:
El dato que duele: Un corzo infectado no solo tiene "gusanos". Tiene las vías respiratorias bloqueadas. Imagina intentar correr huyendo de un lobo o perseguir a una hembra en celo respirando a través de una pajita. Eso es lo que siente un corzo con una carga parasitaria alta.
España entera sufre la presencia de este parásito, pero la provincia de Soria se ha convertido en el epicentro de una tormenta perfecta. Los datos actualizados a enero de 2026 son alarmantes. Mientras que la prevalencia media en España supera el 40%, en zonas críticas de Burgos y Soria estamos hablando de cifras que rozan el 75% de los ejemplares afectados.
¿Por qué aquí? La respuesta está en el éxito de la propia especie. Las altas densidades de corzo que hemos logrado con años de gestión, sumadas a las condiciones climáticas y la orografía, favorecen la transmisión rápida. Cuando hay muchos animales juntos, la mosca lo tiene fácil.
No estamos hablando de teoría. El impacto es tangible y se mide en pérdidas:
Aquí entra la sabiduría de nuestros abuelos: "Lo que es malo para la oveja, acaba siendo malo para el monte". Se ha detectado un fenómeno preocupante en los pastos sorianos: el contagio cruzado.
El gusano de la nariz de las ovejas (Oestrus ovis), pariente cercano del que afecta al corzo, también está parasitando a nuestros animales salvajes. En zonas donde el ganado y el corzo comparten territorio (algo habitual en nuestra provincia), la carga parasitaria se multiplica. No es solo un problema de caza; es un problema de gestión integral del territorio. Una cabaña ganadera desatendida sanitariamente es una bomba de relojería para la fauna silvestre.
No nos engañemos. No podemos ir por el monte con una jeringuilla detrás de cada corzo. La cura individual en animales libres es una utopía. Sin embargo, quedarse de brazos cruzados viendo cómo tosen no es una opción. La gestión moderna exige acción:
Es duro decirlo, pero necesario. La caza selectiva es vital. Aquellos animales que veas visiblemente delgados, con el pelo hirsuto, que tosen frecuentemente o que se muestran apáticos y no huyen, deben ser retirados del medio. Mantener un animal enfermo en el coto no es misericordia, es permitir que la mosca siga reproduciéndose y contagiando a los sanos.
El hacinamiento es el mejor amigo de la epidemia. Debemos mantener las poblaciones en niveles sostenibles. Querer tener "un corzo detrás de cada sabina" ha demostrado ser un error que se paga con enfermedad.
Este punto es crítico y muchos cazadores lo ignoran. Si abates un corzo (sano o enfermo), jamás abandones la cabeza en el campo. Si el animal tenía larvas en fase final y dejas la cabeza en el suelo, esas larvas saldrán, se enterrarán y nacerán nuevas moscas la próxima primavera. Las cabezas y despojos deben ser gestionados correctamente o eliminados de forma que se interrumpa el ciclo biológico.
Si eres gestor de un coto, habla con los ganaderos de la zona. Asegúrate de que los rebaños de ovejas y cabras cumplen con sus desparasitaciones. Un ganado sano ayuda a mantener un monte sano.
La naturaleza tiene sus ciclos, y las plagas son parte de ellos. Pero en un entorno humanizado como el nuestro, nuestra responsabilidad es inclinar la balanza a favor de la vida. Cuidar al corzo no es solo disparar al grande; es preocuparse por el que tose.
En el próximo boletín profundizaremos en cómo identificar correctamente (y legalmente) a un animal enfermo antes del disparo, con guías visuales de la Asociación del Corzo Español. La formación es la mejor munición.
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