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Reconquistar el monte: El plan urgente para atraer jóvenes a los oficios que el siglo XXI despreció

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Tú que caminas hoy por el monte, lo que ves no es naturaleza salvaje; es un jardín abandonado que se ha convertido en una bomba de relojería. Durante siglos, la pezuña del ganado fue el pincel que dibujó nuestros paisajes, limpió nuestros cortafuegos y dio sentido a pueblos que hoy languidecen. No necesitamos más informes de expertos de ciudad; necesitamos que el joven que hoy busca un sentido a su vida entienda que en el zurrón de un pastor reside la soberanía alimentaria y la seguridad de nuestra tierra.

Estamos ante una emergencia de Estado. Mientras las instituciones miran hacia otro lado, nuestros montes se cierran y nuestras tainas se hunden. El pastoreo no es una estampa del siglo pasado, es la tecnología más avanzada que tenemos para frenar el cambio climático y los incendios de sexta generación. Si no somos capaces de ofrecer vivienda, formación técnica de primer nivel y un estatus social digno a quien quiera cuidar la tierra, estaremos condenando nuestro patrimonio al fuego y al olvido.

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🎬 Oficio de valientes: El plan para repoblar el monte con rebaños


1. El monte como polvorín: La factura del abandono

El monte está "sucio" porque hemos roto el contrato con el animal. Históricamente, el pastoreo extensivo ha sido el encargado de gestionar la carga de biomasa de manera gratuita y eficiente. Hoy, esa maleza que nadie ramonea es el combustible perfecto. Un rebaño de 500 cabras puede limpiar en una temporada lo que a una brigada forestal le costaría miles de euros en maquinaria y combustible fósil. La prevención de incendios no se hace en agosto; se hace en invierno con el paso de la oveja.

La pérdida de los caminos no es solo un problema para el senderista; es la pérdida de las arterias del territorio. Si los caminos se borran, el monte se vuelve inaccesible para la extinción y el control. Recuperar el pastoreo es recuperar la red de comunicaciones ancestral de nuestros pueblos.

1.1. Sabiduría ancestral: Un doctorado en supervivencia

Hablamos de personas mayores con un conocimiento que ninguna universidad puede replicar. Saben dónde nace el agua en el año más seco, qué planta cura al ganado y cómo orientarse en la niebla sin GPS. Ese "doctorado de la tierra" está a punto de extinguirse. No son solo ancianos; son bibliotecas vivientes de resiliencia climática que las nuevas generaciones deben heredar antes de que sea tarde.

pastor

2. El patrimonio que se hunde: De la taina de sabina a la borda pirenaica

En mi tierra, Soria, las tainas son el grito mudo del abandono. Son estructuras celtíberas, con postes y vigas de sabina que desafían al tiempo, pero no a la desidia. Estas construcciones rústicas, que se replican con distintos nombres por toda España —como las bordas en el Pirineo—, son una lección de arquitectura popular y sostenibilidad. Usan lo que hay a mano: piedra, madera, tierra. Al dejarlas hundirse, no solo perdemos un edificio; perdemos la prueba física de que supimos vivir en equilibrio con el entorno.

"Rehabilitar una taina no es hacer arqueología; es recuperar nuestro patrimonio arquitectónico rural."

2.1. El efecto dominó: Empleo, productos y vida

El pastoreo es el epicentro de un ecosistema económico que hoy está seco. Si recuperamos los rebaños, recuperamos automáticamente:

  • Productos de excelencia: Quesos, carnes y lanas de una calidad orgánica real, no de marketing.
  • Oficios indirectos: Cantería para arreglar tainas, carpintería de sabina, esquiladores y artesanos del cuero.
  • Turismo con sentido: Rutas de trashumancia que atraen a un público concienciado que busca experiencias auténticas, no parques temáticos.

3. ¿Cómo atraemos a los jóvenes? El plan de acción

Nadie va al campo a pasar hambre o a vivir en la miseria. Para que una nueva generación opte por este camino, el mensaje debe ser profesional: el pastor es un gestor del territorio. Necesitamos un módulo de Formación Profesional (FP) especializado o escuelas taller que ofrezcan un "pack de bienvenida" real: vivienda digna (rehabilitando esas mismas tainas o casas municipales) y un sueldo por el servicio ambiental que prestan al limpiar el monte.

3.1. El modelo de Escuela de Pastores

Ya existen ejemplos que funcionan, pero necesitamos que sea una política nacional. Ofrecer la posibilidad de vivienda y trabajo garantizado mediante convenios con los ayuntamientos para el mantenimiento de montes públicos. Es una solución transversal que arregla la despoblación, el paro juvenil y la vulnerabilidad ante incendios de un plumazo.


Conclusiones: ¿Y tú, te atreverías a dar el paso?

No podemos permitir que el futuro de nuestros pueblos dependa de una subvención que viene y va. El futuro está en la tierra, en el rebaño y en la dignidad de quien decide que su oficina sea el monte. La pregunta ya no es si el pastoreo es necesario, sino cuánto tiempo más vamos a esperar para salvar lo que queda antes de que la última viga de sabina toque el suelo.

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