Hay una frase que el alcalde de un pequeño pueblo de 7 habitantes nos repite siempre y que se ha convertido en un mantra para la redacción de Pueblo Vivo: "Un pueblo sin bar no es un pueblo, deja de serlo para convertirse en un caserío".
La diferencia es abismal. Un caserío es un lugar donde la gente duerme. Un pueblo es un lugar donde la gente convive. Y para convivir, hace falta un techo neutral, caliente en invierno y fresco en verano, donde mirarse a la cara. Cuando la persiana del último bar se baja definitivamente, se apaga el corazón de la comunidad. Los vecinos dejan de cruzarse, la soledad se hace crónica dentro de las casas y el pueblo entra en cuidados paliativos.
Seamos brutalmente honestos: en un pueblo de 20, 50 o incluso 100 habitantes, un bar no es un negocio viable bajo las reglas del mercado feroz. Si el hostelero tiene que pagar autónomos, luz, alquiler e impuestos vendiendo cafés a 1,20€ a los mismos cuatro jubilados de siempre, la quiebra es matemática.
Pero, ¿acaso le pedimos rentabilidad económica al consultorio médico? ¿Le pedimos beneficios al alumbrado público? No. Son servicios deficitarios porque son necesarios. El bar rural debe dejar de verse como una empresa privada para verse como un servicio público esencial.
Desde estas líneas lanzamos una propuesta directa a Diputaciones y Ayuntamientos: es hora de crear la figura del gestor social de hostelería.
No hablamos de subvencionar cubatas. Hablamos de contratar a una persona, con su nómina y seguridad social, por el simple hecho de abrir la puerta.
A los tecnócratas de la ciudad les parecerá un gasto innecesario, pero el "retorno" de esta inversión es incalculable en bienestar social:
No estamos pidiendo caridad, estamos pidiendo justicia territorial. Si las administraciones se llenan la boca hablando de "Lucha contra la Despoblación", que empiecen por lo básico.
Menos apps para digitalizar el mundo rural y más pagar una nómina digna a quien mantiene abierto el único lugar donde todavía nos sentimos una tribu. Porque un pueblo sin bar es solo un dormitorio en medio de la nada, y nosotros queremos vivir, no solo dormir.
¿Qué opinas? ¿Estarías a favor de que tus impuestos sirvieran para pagar el sueldo del hostelero de tu pueblo? El debate es urgente.
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