Imagínate por un momento que el motor económico de tu comarca se detiene de golpe. De un día para otro. Sin aviso. Eso es lo que está en juego cuando hablamos de la Peste Porcina Africana (PPA).
A menudo, desde la ciudad se ve el campo como una postal idílica de calma y naturaleza. Pero quienes vivimos aquí, ganaderos y ganaderas, veterinarios y habitantes de pequeños municipios, sabemos que caminamos sobre un alambre muy fino. España es una potencia mundial en el sector porcino, pero esa fortaleza es también nuestra mayor debilidad.
Hoy en Pueblo Vivo no vamos a hablar de idilio rural. Vamos a hablar de una realidad incómoda: de cómo la gestión humana del territorio, el modelo industrial intensivo y la naturaleza descontrolada han creado un cóctel molotov que, si estalla, podría dar la puntilla definitiva a muchas zonas de nuestro querido medio rural.
Para que nos entendamos y sin ponernos técnicos: la Peste Porcina Africana es un virus altamente contagioso y letal para los cerdos y jabalíes. No afecta a los humanos al comer carne (esto hay que dejarlo clarísimo desde la línea uno), pero es un terremoto económico.
Si se detecta un solo caso en una granja, el protocolo es de guerra: sacrificio total de los animales, inmovilización de la zona y cierre de las exportaciones. Para un pueblo que vive de esto, es la ruina.
Aquí entramos en terreno pantanoso. El principal vector de transmisión de este virus en Europa no es el transporte, es la fauna salvaje: el jabalí.
¿Por qué hay tantos jabalíes cruzando carreteras y acercándose a los pueblos? La respuesta no gusta, pero es real: hemos roto el equilibrio.
Falta de depredadores naturales: Durante décadas, el ser humano ha eliminado al lobo y ha desplazado a otros grandes carnívoros. Sin nadie que controle la pirámide ecológica desde arriba, la población de jabalíes se ha disparado.
Abandono del monte: La "España Vaciada" deja tierras de cultivo sin trabajar y montes sucios. Esto crea el refugio y la despensa perfecta para que críen sin control.
El jabalí no tiene la culpa, hace lo que su instinto le dicta. Pero una superpoblación de jabalíes infectados campando a sus anchas supone que el virus tiene un "taxi" gratuito para moverse de comarca en comarca, saltándose cualquier valla.

Este es el punto caliente del debate. ¿Quién sufre más el riesgo?
Las Macrogranjas: Tienen sistemas de bioseguridad altísimos (duchas, vallas dobles, desinfección). Son búnkeres. Pero también son bombas de relojería epidemiológica por la densidad. Si el virus entra (por un descuido humano o un fallo en la barrera), mueren miles de animales de golpe. Además, este modelo concentra la riqueza en pocas manos y genera pocos empleos locales, pero el riesgo sanitario lo compartimos todos los vecinos y vecinas.
La Ganadería Extensiva y Doméstica: El cerdo ibérico en la dehesa, el porco celta, el chato murciano... esas razas que viven al aire libre son el alma de nuestra gastronomía y paisaje. Son los más vulnerables. No puedes ponerle puertas al campo. Si un jabalí enfermo bebe en la misma charca que un cerdo ibérico, el desastre está servido. El miedo real es que, para proteger a la industria intensiva (la que exporta toneladas a China), se acabe prohibiendo o asfixiando con burocracia a la ganadería extensiva y de autoconsumo. Sería matar nuestra cultura para salvar los números de las grandes corporaciones.
Si la peste llega, no solo pierden los ganaderos. Pierde el pueblo entero.
Cierre de mercados: Países como China o Japón dejarían de comprar carne española automáticamente. El precio del cerdo se desplomaría.
Despoblación acelerada: En muchas zonas de Aragón, Cataluña, Castilla y León o Extremadura, el porcino es lo único que fija población joven. Si la granja cierra, la familia se va. No hay plan B en muchos municipios.
El fin de la matanza: La tradicional matanza domiciliaria, que es un rito de comunidad y soberanía alimentaria, podría prohibirse totalmente por razones sanitarias.
Hemos dicho que la PPA no afecta al ser humano físicamente. Pero, ¿y la salud mental? ¿Y la salud social? Ver cómo sacrifican a tus animales sanos por un protocolo preventivo, perder el sustento de tu familia o ver cómo tu pueblo se vacía aún más, es un problema de salud pública de primer orden. La ansiedad y la depresión en el medio rural derivadas de crisis agrarias son una pandemia silenciosa de la que poco se habla.
La Peste Porcina no es un problema "de los ganaderos". Es un síntoma de un mundo rural desequilibrado.
No podemos culpar al jabalí por reproducirse si hemos eliminado a sus depredadores. No podemos culpar al pequeño ganadero si el sistema favorece a la macrogranja. La solución pasa por recuperar el equilibrio ecológico (gestión forestal, control poblacional ético y natural), blindar la ganadería extensiva que cuida el territorio y, sobre todo, que las administraciones escuchen a quienes pisan el barro a diario.
En Pueblo Vivo lo tenemos claro: defender el pueblo es defender su economía, pero también su biodiversidad. Porque si cae uno, caemos todos y todas.
¿Y tú? ¿Has notado el aumento de jabalíes en tu zona? ¿Crees que estamos preparados para gestionar esta crisis? Déjanos tu opinión en los comentarios.
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