Hoy me pongo un poco más emotivo, ya que este artículo se lo voy a dedicar a un buen amigo: Sergio Iglesias, dulzainero de Los Dulzaineros de Fuentesaúco.
Llevo un tiempo pensando que teníamos que hacer un pequeño homenaje a la gente que, gracias a su labor, consigue que los pueblos sigan siendo pueblos y además, con toda su autenticidad.
Hay sonidos que no entran por el oído, sino por el estómago. En Castilla, el sonido agudo, penetrante y festivo de la dulzaina es uno de ellos. Es el "despertador" de las fiestas, la señal de que la misa ha terminado o el aviso de algún evento está por venir.
Pero detrás de ese sonido no hay una grabación. Hay pulmones, hay brazos, hay pasión, hay ensayo y, sobre todo, hay vecinos comprometidos. Hoy en Pueblo Vivo viajamos hasta Fuentesaúco (Zamora), tierra de los mejores garbanzos y buenas gentes, para rendir homenaje a quienes ponen la banda sonora a la vida del pueblo: la Asociación Cultural Dulzaineros de Fuentesaúco.
Lo fácil en los pueblos es dejar que las cosas mueran. "Ya no hay jóvenes", "ya nadie baila". Pero en Fuentesaúco decidieron tomar el camino difícil: el de construir. La historia de este grupo no nace en un despacho, sino de la necesidad de recuperar el baile.
Todo comenzó buscando las raíces. Hacía falta alguien que enseñara los bailes tradicionales a las nuevas generaciones, y ahí apareció la figura del Sr. Fini (conocido cariñosamente como "El Barrito"), quien desempolvó la memoria y, junto a Esteban "el zapatero" y Jose "panadero", plantaron la semilla de lo que hoy es una asociación cultural vibrante.
"Un pueblo sin música es un pueblo mudo. Los dulzaineros no solo tocan partituras; tocan recuerdos. Cuando suena una jota antigua, los mayores rejuvenecen y los niños aprenden quiénes son."
Si algo define a los Dulzaineros de Fuentesaúco es que no se conforman con tocar en la procesión. Han convertido su pasión en un motor cultural para toda la comarca de la Guareña. Su gran legado es la organización del Certamen de Folklore Fini "El Barrito".
Cada año (y ya van más de una decena de ediciones), este evento llena las calles de Fuentesaúco de color, trajes regionales y grupos invitados de toda España. Es la demostración palpable de que el folklore no es una pieza de museo, sino algo vivo que evoluciona y une a la gente. Gracias a su labor, el calendario saucano tiene una fecha más marcada en rojo, aparte de sus famosas Fiestas de la Visitación.
Lo que más nos gusta en Pueblo Vivo de este grupo es que tienen un pie en la tradición y otro en el siglo XXI. Lejos de quedarse en el anonimato local, han entendido que lo que no se comparte en internet, no existe.
Su página web es un ejemplo de transparencia y gestión cultural (algo raro de ver en asociaciones pequeñas, pero palpable gracias a la profesionalidad de Sergio), donde documentan su historia y agenda. Pero la joya de la corona es su canal de YouTube (dulzafuco).
Allí no solo suben sus actuaciones; están creando, sin saberlo quizás, el mayor archivo audiovisual de la memoria musical de Fuentesaúco. Desde pasacalles bajo el sol de justicia hasta procesiones solemnes, sus vídeos son una ventana abierta al mundo. Si quieres saber cómo suena la alegría en Zamora, solo tienes que darle al play:

Grupos como los Dulzaineros de Fuentesaúco son los imprescindibles. Son los que madrugan para tocar las dianas cuando los demás duermen la resaca, los que ensayan en invierno para que el verano brille y los que consiguen que un niño de 10 años se sienta orgulloso de bailar una jota.
Desde aquí, nuestro aplauso a su labor. Porque mientras haya alguien soplando una dulzaina en Fuentesaúco, el pueblo seguirá, indudablemente, muy vivo.
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